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El poder de un buen disfraz

Por   /  10 Marzo, 2017  /  No hay comentarios

Incluso los más tímidos se lo pasan en grande cuando se introduce un disfraz en la ecuación. Y es que ocultar nuestra identidad por unas horas conecta con esa necesidad de desinhibirnos y ser libres de los prejuicios sociales, tan arraigada en las sociedades humanas.

Pero elegir el mejor atuendo no siempre es una tarea sencilla, aunque bien es cierto que iniciativas como Disfraces Christy lo hacen un poco más fácil. Contar con cientos de diseños en una única tienda nos permite encontrar aquel que nos representa mejor y se adapta más adecuadamente a nuestro estilo o intención.

En la variedad está el gusto, dicen, y cuando se trata de disfrazarse más. Disfrazarse supone un reto que pone a prueba nuestra creatividad y explota los recursos sarcásticos del momento. A través de los disfraces criticamos e idealizamos a nuestros personajes más carismáticos. Los sacamos de la televisión y los periódicos y los convertimos en símbolos tangibles sobre los que volcar nuestras frustraciones; en torno a ellos se abre el debate a pie de calle.

Al margen del carnaval y la noche de difuntos, cada región tiene sus propias tradiciones y es bastante habitual en la península celebrar festividades que impliquen un disfraz u otros elementos estéticos destinados a proteger la identidad de los participantes. En esta búsqueda de intimidad pública se desarrollan, desde tiempos inmemorables, una conciencia colectiva de suplantación de las normas que nos mantienen unidos en favor de la capacidad de elegir libremente.

Sea como sea, la gente disfruta de este tipo de fiestas con un deleite especial y son cada vez más las propuestas que apuestan por la recreación temática. Desde bodas hasta despedidas de soltero, pasando por aniversarios o inauguraciones, los disfraces aportan un extra de diversión que contrasta con las estiradas celebraciones de hace unas décadas. En este sentido, la gente acepta la naturalidad de su condición y ejerce su expresividad a través de todos los medios posibles.

Dentro de la vanguardia, los festivales temáticos están ganando terreno a los eventos puramente musicales. Buena prueba de ello son el Funi Party Festival organizado por la sala Oasis de Zaragoza y el Horteralia Festival en Cáceres. Éste último es una combinación entre una fiesta de disfraces y un freak meeting para amantes de la música hortera. En la pasada edición 2016, congregaron a más de 3.000 personas, demostrando el interés de la gente en esta clase de eventos de nueva generación.

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