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La emoción de un partido de fútbol no tiene igual

Por   /  26 marzo, 2020  /  No hay comentarios

Si bien el futuro de la liga es actualmente algo incierto debido al COVID-19, que ha hecho parar toda competición deportiva, hay que reconocer que el fútbol es uno de los deportes más emocionantes que existen. Sentarse frente a la televisión u ordenador para ver futbol libre es uno de esos placeres que solamente conoce quien sabe disfrurar de ello.

El origen del fútbol moderno, en la Inglaterra de finales del siglo XIX, ha dado pie a un deporte de masas que es seguido con la misma pasión en todas las partes del globo. Desde la elegancia y clase del fútbol europeo, a la magia sin igual de los países sudamericanos, pasando por la perfección de los asiáticos y el interés creciente de este deporte en los países árabes. El fútbol es pasión allá por dónde se practica.

El fútbol en cifras

Probablemente estemos ante el deporte que más interés suscita en el planeta, ya que nada menos que 270 millones de personas están directamente involucradas en este deporte, según los datos que maneja la FIFA. China es el país que más equipos posee, nada menos que un total de 26 millones de personas juegan al fútbol en el gigante asiático, y todo ello sin contar a la cantera, los niños. Un país que llama poderosamente la atención en número de jugadores es Estados Unidos, con 24 millones de practicantes. Es curioso, ya que es una nación donde este tipo de juego no fue muy popular hasta la celebración de los Mundiales de Fútbol de 1994. Recordemos, el último mundial de Maradona, el codazo de Tassoti a Luis Enrique. Lo que pudo ser y no fue para una selección española, dirigida por Javier Clemente.. 

Un título que fue conquitadofinalmente a la siempre resolutiva Brasil.

El fútbol es un deporte que mueve una cifras millonarias, ya que la FIFA tuvo un superavit durante el periodo 2003-2006 de unos 850 millones de euros. Este deporte proporciona múltiples ingresos en publicidad a los clubes, ya que anunciarse en las camisetas y equipaciones deportivas es algo muy cotizado, y supone un auténtica máquina de hacer dinero. Nada más hay que comprobar el preicio de las camisetas oficiales de los clubes más destacados, que alcanzan cifras cercanas a los 100 euros y que se suelen agotar de una temporada para otra. El verdadero aficionado siempre va a tener un recuerdo de su club encima, ya sea la famosa camiseta, la inevitable bufanda o un gorro. Todo sea por defender los colores y llevarlos con orgullo por las gradas de los estadios.

El precio de los fichajes es también una locura en cuanto a cifras, nada menos que 222 millones de euros le costó al Paris Saint-Germain el fichaje de la estrella brasileña Neymar, y que fueron a parar a las arcas del F.C Barcelona. Cifras difícilmente imaginables de cuantificar, pero que dan una idea de cómo es el fútol, además de ser un deporte excpcional, es un negocio multimillonario.

El placer de ver un partido de fútbol

Ya lo comentábamos al principio, el placer de ver un buen partido de fútbol es una de esas experiencia que no poseen parangón. Si es en el campo, la emoción embarga desde un principio, te dejas contagiar por el ambiente que se vive en la grada, gritas en cada jugada emocionante, celebras como nadie los tantos y maldices las derrotas, pero vivir el fútbol en primera persona supone darlo todo en cada instante.

Si estamos en casa, la cosa cambia pero no por ello es menos interesante. Si te juntas en familia o con los amigos a ver futbol libre hay que seguir una serie de rituales que no deben saltarse. En pimer lugar, preparar el lugar en dónde vamos a disfrutar del partido. Seguidamente, conseguir un avituallamiento adecuado en forma de aperitivos y bebidas. Llega el ritual de vestirse para la ocasión, por ejemplo, con la camiseta de nuestro club, o lo que tengamos más a mano. Da igual que sea verano y haga calor, la bufanda del club nunca pesa ni molesta.
A medida que se aproxima la hora del partido, la emoción va creciendo, los previos que se retransmiten son muy interesantes y consiguen ponernos a tono para el partido. Cuando el árbitro decreta el inciio del juego, el corazón da un vuelco y se desatan las emociones. Jaleamos cada pase, nos comenzamos a morder las uñas y hacemos que la estancia vaya cobrando vida propia. Cada gol es una fiesta que se celebra al máximo, se olvidan todas las penas y preocupaciones. Si el resultado nos es favorable, estamos pletóricos y felices, una sensación que nos acompañará muchas horas o días. En caso que no sea así, queda contener la rabia y esperar al siguiente partido, momento en que comenzará un ritual de magia que nos embarga cada vez que se celebra., el fútbol. 

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