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En Kabul las familias venden a sus niñas por unos pocos euros movidas por la extrema necesidad

Por   /  1 diciembre, 2017  /  No hay comentarios

En Kabul las familias venden a sus niñas

En el pintoresco mercado de los Pájaros, conformado por una pequeña maraña de calles donde el que tiene dinero es el que manda y compra prácticamente lo que desee, allí mismo es donde familias sumidas en la extrema pobreza y movidas por la necesidad venden a sus niñas al mejor postor.

Por unos pocos euros y después de conversaciones previas vía telefónica con el inescrupuloso “intermediario”, el interesado se traslada hasta el mercado donde afinan los acuerdos finales en cuanto al precio de la niña- esposa. Es así como el que tiene el dinero, tiene también el poder de comprar por encargo o escogiendo directamente el cónyuge para cualquier familiar o para sí mismo.

En este universo comercial ubicado en Kabul, se llevan a cabo un sinfín de negociaciones a diario, todo tipo de mercancías son transadas aquí y mercaderes se disponen a entablar largas conversaciones con los potenciales clientes que han venido hasta aquí en busca de bienes y también en la búsqueda de su próxima esposa, no importa que sea una niña siempre que sea lo suficientemente madura y garantice la descendencia de su comprador.

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Pese a que el matrimonio con niñas no es legal, Akbar, uno de los intermediarios que se presta para estas negociaciones no tiene reparo en ofrecer a las niñas a la venta y adentrarse en el tema como si se tratara de una transacción como cualquier otra, esto obviamente ocurre porque es una práctica generalizada y sin ningún tipo de control, para él se trata de algo cultural que viene de muchos años atrás y el simplemente interviene para ayudar a las familias que han decidido casar a sus pequeñas, encontrándoles un cónyuge adecuado.

Lo que no menciona Akbar es que el grado de desesperación de estas familias es tal, que se ven obligados a desprenderse de su pequeña debido a la extrema pobreza en la que viven y es precisamente de eso de lo que el subsiste y depende económicamente.

Este intermediario se ocupa de ubicar la mejor opción del comprador dependiendo de sus preferencias, tal como si se tratara de cualquier objeto, también fija los precios; por su intermediación y por la dote son unos 123 euros, por la esposa 2 euros y sabe muy bien dónde encontrar a las futuras niñas- esposas, ya que conoce de las familias desplazadas y de sus precarias condiciones económicas para las que la venta de su pequeña supone el sustento temporal de la familia.

Inclusive tienen una colección de imágenes en su móvil, que muestra sin ninguna pena más bien orgulloso de haber conseguido para esas niñas cuya tristeza de puede leer en sus ojos, una aparente mejor vida y mientras el Gobierno afgano se hace el que no ha visto nada y no aplica el Plan Nacional de Acción para la Mujer, con el que muy bien pudiera evitar el matrimonio infantil.

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