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Causas, prevención, diagnóstico y tratamientos. Todo lo que necesita saber sobre la disfunción eréctil

Por   /  3 mayo, 2019  /  No hay comentarios

La disfunción eréctil, también conocida como impotencia, es una afección cuya probabilidad de aparición aumenta con la edad. Sin embargo, no debe tomarse como algo irremediable o inevitable en la vejez. Puede y debe tratarse.

En primer lugar explicaremos qué es la disfunción eréctil y cuáles son sus síntomas.

La impotencia es una disfunción sexual masculina que consiste en la incapacidad persistente para lograr o mantener una erección durante las relaciones sexuales. Es importante incidir en la persistencia, pues no debe confundirse con los comúnmente denominados “gatillazos”, que son esporádicos y no tienen porqué generar una preocupación excesiva si no son recurrentes. Si cree que puede padecer dicha afección tómelo con calma, ya que existen tratamientos y fármacos como el tadalafil y el vardenafil que pueden solucionar dicho problema. No olvide consultar con su médico antes de someterse a cualquier tratamiento farmacológico.

¿Cuáles son sus principales causas?

Es importante estudiar detenidamente cada caso, ya que tanto la sintomatología como los desencadenantes pueden variar mucho de un paciente a otro.

Podemos dividir las principales causas de esta afección según su origen y relación con los diferentes sistemas del cuerpo humano.

Por ejemplo, las enfermedades del sistema cardiovascular están muy relacionadas con la impotencia, ya que afectan directamente a la capacidad de aumentar el flujo sanguíneo que posibilita la erección. Entre ellas podemos encontrar la arteriosclerosis, la hipertensión y la cardiopatía coronaria.

También tienen una gran importancia los trastornos endocrinos, como la diabetes mellitus, el hipotiroidismo, la baja producción de testosterona y la hiper o hipoplasia de las glándulas suprarrenales.

Otras causas fisiológicas pueden ser las malformaciones genitales, las enfermedades de la próstata y de la vejiga o la insuficiencia renal. Así como los efectos secundarios de algunos medicamentos como los diuréticos o los antihistamínicos. El sobrepeso y la obesidad son también un factor de riesgo.

Tampoco podemos descartar causas asociadas al sistema nervioso, como la depresión, la ansiedad, la epilepsia, las lesiones cerebrales y medulares, el Parkinson, la esclerosis, o factores psicológicos como el miedo a la propia situación.

¿Cómo se puede prevenir?

Teniendo en cuenta todos estos factores, es fácil deducir que la prevención pasa por evitar hábitos nocivos como el consumo de alcohol, ultraprocesados, tabaco y otras drogas que dañen el sistema nervioso, endocrino o cardiovascular; así como el estrés y el sedentarismo. Por tanto, la recomendación general es tener hábitos saludables y no olvidar cuidar la salud mental.

¿Cómo se diagnostica?

El proceso de diagnóstico de la disfunción eréctil consta de tres etapas.

En primer lugar se realizará una evaluación clínica donde se tendrán en cuenta los hábitos del paciente, los tratamientos farmacológicos a los que se ha estado sometiendo y su historial clínico.

En la siguiente fase se procederá a la evaluación de la salud mental del paciente, para descartar o confirmar la depresión.

Finalmente se realizarán estudios instrumentales y de laboratorio donde se medirán los niveles de testosterona, prolactina y hormona luteinizante (LH), y se valorarán otros trastornos del sistema endocrino como la diabetes, las enfermedades tiroideas o el síndrome de Cushing. También se realizará una ecografía para estudiar la vascularización del pene.

Tratamiento de la disfunción eréctil

Si usted padece disfunción eréctil la primera recomendación de su médico será reducir todo lo que pueda el consumo de tabaco, alcohol y ultraprocesados, y evitar el sedentarismo.

Sin embargo esta recomendación no elimina la necesidad de someterle a un tratamiento más específico que dependerá de las causas concretas de su caso.

Si el causante es el uso de un medicamento, se estudiará la posibilidad de sustituirlo o valorar si es posible interrumpir su administración. Si la responsable es una enfermedad, como el hipogonadismo, la diabetes o la depresión, se tratarán dichas enfermedades. En todos los casos el apoyo psicológico y la formación son un requisito para que el tratamiento sea lo más completo y efectivo posible.

Existen varios tipos de terapias adicionales. Entre las no invasivas encontramos:

Inhibidores de fosfodiesterasa: Es el tratamiento más común y la primera opción que se contempla. Además su administración es oral y esta vía suele ser la preferida por los pacientes. El sidenafil, vardenafil, avanafil y tadalafil pertenecen a este grupo de medicamentos.

Prostaglandina E1: Este medicamento se administra por vía intravenosa o intrauretral, al ser una forma de aplicación más incómoda para el paciente suele aplicarse solo en casos en los que los inhibidores de fosfodiesterasa están contraindicados.

Dispositivos de vacío: se usan para aumentar el flujo de sangre al pene por succión. Para mantener posteriormente la erección, se coloca un anillo elástico en la base del pene.

Si estos métodos no funcionan se puede recurrir a otros más invasivos que implican tratamiento quirúrgico, como la implantación de varillas de silicona semirígidas y dispositivos inflables rellenos de solución salina.

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